Y no puedo creer como uno percibe esos momentos donde toca su alma.
Pareciera la yema de mi indice derecho que toca alguna especie de suavidad interior y destapa un haz de luz.
De repente, esa comunión sobrenatural devela una esencialidad de mi ser, aparentemente escondida, replegada en algún rincón interior.
Es el abrazo al conocimiento de uno mismo. Abrazo de presentación, nunca de culminación.
Aquello que en algún momento creímos saber de nosotros mismos, hoy se presenta divino, casi innovador y asombroso, por haberse sabido perdido y hoy sentirse encontrado.
The lost and found melody.
06/04/09
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario